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Reír, pestañear, guiñar un ojo, llorar, fruncir el ceño, sonreír, enfadarse, gritar, levantar una ceja, sorprenderse, exclamar… Los ojos son unas de las zonas más expresivas del cuerpo y los primeros signos del cansancio y el envejecimiento se muestran en su contorno. Son las llamadas marcas de expresión.

El contorno de ojos se trata de una zona extremadamente frágil y compleja: Su piel es cinco veces más delgada que la del resto de la cara, está menos irrigada por los vasos sanguíneos, carece de glándulas sebáceas y sobretodo está sometida al desgaste de su continua movilidad. Con el tiempo, la circulación en su perímetro se ralentiza, lo que provoca una disminución progresiva del tono y elasticidad muscular y la aparición de pequeñas arrugas y signos de cansancio como ojeras o bolsas.
Estos signos se ven acentuados cuanto más deshidratada esté la piel.

Las alteraciones más comunes del contorno de los ojos son:

  • Bolsas. El ojo reposa sobre pequeños depósitos de grasa que están unidos por tejido conjuntivo y movilizados por los músculos de la zona. En algunos casos, debido a una deficiente circulación linfática, se produce en estos depósitos una acumulación de residuos que van formando las bolsas. El organismo atenúa estas bolsas durante los periodos de descanso, pero con la edad tendemos a perder esta capacidad regenerativa.
  • Hinchazón. La hinchazón se debe a una deficiencia de la microcirculación linfática del contorno del ojo. Gracias a los miles de parpadeos que realizamos durante el día, el sistema de microbombeo de los canales linfáticos es más activo. Durante las horas de sueño, la inmovilidad del párpado y la acumulación de residuos pueden desbordar su capacidad de drenaje, provocando la hinchazón.
  • Ojeras. Las ojeras ofrecen un aspecto cansado y ensombrecen la mirada. Tienen un fuerte componente genético, pero puede aumentar con el estrés, la falta de sueño, las preocupaciones. Los sistemas venoso y linfático en esta zona discurren a través de venas muy finas. Si la circulación no funciona todo lo bien que debería, los pigmentos sanguíneos pueden acumularse en el tejido conjuntivo dándole una coloración que varía entre el amarillo y el negro.
    Con el paso de los años las ojeras se instalan de manera permanente.
  • Arrugas. Las continuas contracciones y relajaciones del músculo ocular al realizar miles de expresiones diarias, unido a la exposición solar y a una deficiente hidratación provocan las temidas “patas de gallo” y arrugas de expresión.

Todas las alteraciones del contorno de ojos tienen origen en el mismo problema: Una insuficiente hidratación de la piel de esta zona. Normalmente esta deshidratación está provocada por una mala circulación de los microsistemas sanguíneo y linfático de esta región.

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